¿Cómo era la mitología en la antigua Grecia?

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En LAS SOCIEDADES DE LA ANTIGUA Grecia, la vida pública estaba indisolublemente ligada a la esfera religiosa, que tenía una fuerte connotación social. De hecho, la práctica totalidad de las actividades de la vida pública remitían a la esfera del culto y del mito. Se calcula que alrededor de un tercio de los días del calendario estaba reservado a festivales o celebraciones religiosos, de los que habría habido más de trescientos.

La palabra mythos puede traducirse por “cuento” o “historia”, y es precisamente en el mito, en estas narraciones de las obras de héroes y dioses antiguos, donde se fundamenta la religiosidad griega. Pero no solo eso: los griegos consideraban la mitología como parte de su historia, y recurrían a ella para explicar fenómenos naturales, diferencias culturales, enemistades e incluso alianzas políticas; es decir, era también, en origen, su base para el conocimiento.

Entre las principales divinidades griegas destacan los Olímpicos -doce dioses principales, a pesar de que sus nombres podrían haber cambiado a lo largo de los siglos—, que residían en la cima del Monte Olimpo, al norte del territorio griego, bajo la guía de Zeus, su soberano, dios de la justicia y del orden. Una de las fuentes principales de conocimiento de las vidas y obras del panteón griego es el poeta Hesíodo. Su existencia, atribución de obras y datación son casi tan controvertidas como en el caso de Homero, aunque hay mayor consenso en situarlo alrededor del año 700 a.C.

La relación entre hombres y dioses.

Pero a pesar de que las fuentes fueran literarias o tradicionales, la relación entre hombres y dioses se materializaba muy vivamente y día a día a través de una serie de “canales” diversos. El hombre recurría al sacrificio, por lo general de animales que se quemaban en el altar de la divinidad, y a la plegaria ritual.

A su vez, los dioses participaban directamente en los asuntos humanos, y se comunicaban a través del sueño, de señales -el vuelo de los pájaros, signos aparentemente casuales…-, o mediante los oráculos. Para el correcto desciframiento de estas intervenciones divinas era imprescindible la colaboración de adivinos o interpretadores de sueños, que adquirieron una enorme relevancia en la vida cotidiana de los griegos.

En este contexto se explica el papel del santuario de Delfos, donde se encontraba el oráculo consagrado a Apolo, dios de la música, la poesía y la profecía. En el período de mayor esplendor, para poder dar respuesta al gran número de visitas al oráculo, el santuario llegó a disponer de tres pitias, las profetizas vitalicias de Delfos. Aunque se sabe poco del procedimiento, es seguro que la consulta era siempre previo pago a los sacerdotes y sacrificio a los dioses, y que, a pesar de que al principio el oráculo actuaba solo un día al año, con el paso del tiempo la posibilidad se extendió a varios días cada mes.

La diosa Atenea vistiendo la égida en una vasija ática de cerámica de figuras negras realizada por el ceramista Panfeo (firmado) y el pintor Eufileto (c. 540 a.C.)

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