Conformación y validación de los test

CONFORMACIÓN Y VALIDACIÓN DE LOS TESTS

Los factores con mucha más importancia que determinan las relaciones de objeto son la personalidad de la madre y la del hijo. No obstante, las relaciones de objeto son influidas también por una serie de otros factores, tales como las influencias culturales, las condiciones económicas y geográficas así como la tradición histórica.

Esta diversidad vuelve imperioso el estudio de las relaciones de objeto en poblaciones y en ambientes diversos, de modo que pueda indagarse si ciertos fenómenos son universales en el hombre y en qué proporción sus patrones y contenidos están sujetos a modificación a causa de variables ambientales, como la cultura, la clase social, la ubicación, etcétera.

Con este propósito tuvimos que obtener las normas típicas de los fenómenos dados, que dedujimos de los hallazgos de estudios previos, efectuados en un medio típicamente “normal” de la cultura de Occidente. Para las finalidades de la medición, seleccionamos el test infantil de Bühler-Hetzer, un test de la personalidad y del desarrollo estandarizado y de extenso empleo, que permite hacer comparaciones entre individuos así como intraindi- viduales; presentar la situación de un infante dado en forma de cocientes o de índices; y, por último, permite medir los diferentes sectores de la personalidad, además de evaluarlos en total. Tanto la validez como la con- fiabilidad de este test han sido comprobadas con anterioridad en los Estados Unidos (Herring, 1937; Hubbard, 1931; Reichenberg, 1937; Simonsen, 1947; Wolf, 1935).

Durante los primeros ocho meses de vida

El test de Bühler y Hetzer, también conocido como el test vienés, fue ideado, estandarizado y validado por Charlotte Bühler, Hildegard Hetzer (1932) y sus colaboradores, la difunta Katherine M. Wolf y Liselotte Frankl (véanse Hetzer y Wolf, 1928). Los pasos preliminares consistieron en la observación durante 24 horas seguidas de 69 pequeños en siete niveles sucesivos de edad, durante el primer año de vida, con el propósito de establecer un inventario de la conducta que, por término medio, en este periodo podía esperarse.

Los tests diseñados sobre la base de este inventario fueron probados y estandarizados en una muestra de 20 sujetos por cada nivel de edad. Los intervalos entre dichos niveles, durante los primeros ocho meses de vida, fueron de un mes. Durante los cuatro meses restantes del primer año, los intervalos fueron de dos meses. Así el test para el primer año de vida se estandarizó sobre un total de 220 sujetos.

Esta estandarización del test en 20 sujetos por cada nivel de edad, no fue arbitraria, como se muestra en mis últimas observaciones de niños. Ciertos patrones de conducta emergen en el infante a un cierto nivel de edad y no antes. La línea divisoria entre la ausencia y la presencia generalizada de tales patrones de conducta es, en su mayor parte, tajante por completo

Test estandarizado en forma extensiva durante diez años

Así es raro hallar la respuesta de la sonrisa antes del tercer mes; pero son igualmente raros los infantes a los que no puede arrancarse esa respuesta durante el tercero, cuarto y quinto mes. A los dos meses de edad, sólo 3 de nuestros 145 sujetos mostraron la respuesta de la sonrisa.

Entre los dos y los seis meses, 142 de ellos la dieron y 3 no. Encontramos que para cuando 20 de nuestros sujetos manifestaban un patrón de conducta dado, se podía esperar confiadamente que una abrumadora mayoría de los que estaban en ese nivel de edad lo manifestaran también.

Cuando el número de sujetos observados, respecto a esa conducta, se aumentó a más de 20, aquellos que no mostraron esa conducta vinieron a representar un porcentaje rápidamente decreciente del total de nuestra población experimental.

El Departamento de Psicología- de la Universidad de Viena aplicó el test estandarizado en forma extensiva durante diez años, desde 1928 hasta 1938. Se empleó sistemáticamente con todos los infantes que fueron encomendados al Kinderübernahmestelle der Stadt Wien (Centro de Niños Necesitados de la Ciudad de Viena).

El test es un útil auxiliar psicométrico

El número de infantes albergados en esta institución durante su primer año de vida da un promedio de 400 a 500 anuales. En otras palabras, el test se aplicó aproximadamente a 5000 infantes durante esa década, ofreciendo al personal del establecimiento la oportunidad de corregir las deficiencias de los tests.

Quedaba por ver en qué contribuye este test a las investigaciones psiquiátricas y clínicas. Con este fin lo apliqué sistemáticamente en el mismo marco ambiental, a saber, en el Kinderübernahmestelle der Stadt Wien, a más de 100 pequeños acogidos allí. Encontré que el test es un útil auxiliar psicométrico provechoso para nuestra valoración clínica.

Su valía peculiar reside en el hecho de que indica en términos numéricos la situación de un bebé individual, tanto en conjunto como en subsectores particulares de la personalidad, en relación con la situación media de los niños procedentes del mismo medio.

Con el fin de dejar establecida la validez de estos tests en el Hemisferio Occidental, seleccionamos dos poblaciones en el Estado de Nueva York. La primera de ellas se componía de hijos de empleados de oficina, en su mayoría profesionistas, que habían sido criados en su propio hogar. Fueron observados en el marco ambiental de la familia y aparecen en el Cuadro II (en la columna titulada Familias Particulares).

Un total de 18 de ellos fueron estudiados durante todo el primer año de vida y después. Estos niños fueron criados por sus propios padres, en condiciones que yo estimaría óptimas, y la mayor parte en apartamientos modestos pero cómodos. Las mediciones que se les hicieron están de acuerdo en lo general con las normas de los tests de Bühler-Hetzer, aun cuando debe mencionarse que en los C. D. (Cociente de Desarrollo) estaban un tanto más avanzados, sobrepasando las medias establecidas en Viena.

La personalidad de los niños

La segunda población que se utilizó para nuestra recolecta de datos normativos se obtuvo de una agencia de hogares adoptivos, en los cuales los niños colocados por la agencia eran visitados para su inspección cada cuatro semanas. Durante estas visitas, 23 niños fueron sometidos al test y observados.

La procedencia de éstos era diversa, viniendo en su mayor parte de !os niveles económico-sociales más bajos, como era de esperar de una agencia de este género en una gran ciudad. Dichos niños alcanzaron consecuentemente puntuaciones más bajas en todos los niveles de edad, durante el primer año de vida, que los de la primera población, criados en familias particulares. Tendían a acercarse a las puntuaciones medias establecidas en la clínica orfanato de Viena, donde comencé mi trabajo y donde se fue perfeccionando el test.

La progresiva falta de acceso a los sujetos nos impidió llevar a cabo la investigación que teníamos planeada con esos niños. Pero los hallazgos obtenidos me sugirieron que las normas de los tests para bebés de Bühler-Hetzer podían servir para mis propias investigaciones como una guía práctica y un dispositivo de orientación para valorar psicométricamente la personalidad de los niños, que procedían tanto de los círculos económicamente más bajos como de los círculos medios de los Estados Unidos y del Hemisferio Occidental.

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