El cerebro como motor del cuerpo humano

El cerebro es el motor del cuerpo humano.

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Existe en el cerebro un sector que podemos localizar a ambas partes de la hendidura de Rolando que se llama zona de coordinación motora.

Residen allí las neuronas que mueven los distintos músculos del cuerpo. A cada parte de esta sección cerebral corresponde una parte del cuerpo: en el cerebro está grabada en miniatura la imagen del cuerpo humano.

Es interesante notar como ciertas partes del cuerpo humano (mano, pulgar, cara, labios) tienen una sensibilidad particular por ser muchos los nervios que las mueven. En efecto los músculos de la cara tienen más neuronas cerebrales que los grandes músculos del cuerpo.

Por lo tanto, si representamos un cuerpo humano teniendo en cuenta la cantidad de neuronas cerebrales que presiden sus movimientos, nos resultará un cuerpo muy desproporcionado: manos gigantescas, cara enorme, unos labios muy grandes y un cuerpo enano.

El cerebro nos permite poder decir “YO” pienso, quiero, etc.

En el cerebro existe una central de coordinación de todo lo que llega de las distintas partes del cuerpo y que sintetiza. Se trata de “circuitos” muy complejos. En esta zona se forma la imagen de nuestro cuerpo, una especie de “esquema corporal”: es como la presencia de todo el hombre, como un índice, en su cerebro. Allí se forma la “imagen del propio Yo”, imagen que ha nacido en la infancia y se ha desarrollado.

Por esta imagen del yo, el hombre se reconoce siempre él mismo a través del tiempo y del espacio y se siente dueño y responsable de toda su vida.

La corriente nerviosa

Conocemos lo que ocurre a nuestro alrededor gracias a los maravillosos órganos de los sentidos. El cerebro recibe las impresiones de lo que vemos, de lo que oímos, de lo que tocamos.

Hay unos “cordones” que enlazan el ojo o el oído con zonas especiales del cerebro; esos cordones, los nervios, son los encargados de hacernos conocer las luces y los ruidos del exterior. Pero lo más fascinante y casi incomprensible es que estas libras nerviosas sean estimuladas por la luz o por el sonido. Y, sin embargo, por el nervio óptico no pasa luz, ni sonidos por el auditivo: por ellos transcurre sólo la corriente nerviosa, que es la única fuerza capaz de estimular el cerebro.

Esa es una ley general para todos los sentidos: la luz, el sonido, el tacto, el gusto, el olfato, no pueden transmitirse como tales a través de los nervios sensoriales. Por ellos sólo pueden transmitirse innumerables variaciones de corriente nerviosa correspondiente a los múltiples estímulos que nos llegan del exterior.

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