El efecto del cine en los jovenes

El efecto del cine en los jovenes

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El cine es un fenómeno “adulto”. En general, el cine que nos llega, no está hecho para los jóvenes.

A menudo es la repetición de una fenomenología adulta estereotipada. Por lo tanto el cine lleva al joven a vivir situaciones de adultos sin que esté preparado para ello.

Colabora así a envejecer prematuramente al joven, acorta el proceso de su adolescencia, le hace “saltar”, muchas veces, la etapa del compañerismo y de la amistad, para ponerle de repente frente al amor en su aspecto sexual y genital.

El cine   colabora trágicamente, así como está ahora, a reducir la felicidad del muchacho.

Además el cine que tenemos es casi todo de importación y lleva al joven fuera de su mundo, además de llevarlo fuera de la realidad.

El cine es un fenómeno a menudo “desequilibrador”. El cine, lleva a vivir experiencias de adultos, experiencias importadas; el joven así no vive plenamente su adolescencia y se prepara para estropear su edad adulta.

Además el tema del cine es a menudo monódico, no porque trate con frecuencia el tema del amor (el amor es toda la realidad) sino por tratarlo de una manera estereotipada.

Muy pocas veces presenta un amor “normal”. Muy pocas veces muestra otras situaciones de la realidad: el trabajo, el progreso, la naturaleza, el sacrificio, etc.

El cine que tenemos es cine de evasión, es por lo tanto una experiencia vicaria que en lugar de enriquecer lleva fuera de la realidad.

Además los “sueños” cinematográficos no implican responsabilidad ni compromiso por parte del que los ve. La personalidad, por el contrario, madura a través de una experiencia personal, aunque sea dolorosa y desastrosa es siempre más adaptante y provechosa que cualquier experiencia do evasión, porque lleva consigo el sello de la realidad de la vida.

La afición.

La canción es hoy un fenómeno masivo que influye poderosamente sobre la emotividad juvenil.

Tres son los poderes que tiene a su disposición:

Poder de resonancia: A través del ritmo y de la melodía, más que escuchar lo que la canción dice, el joven entra en el surco de su experiencia personal. La palabra no le internan mucho: se agarra del ritmo y de la melodía que son como los dos amigos que le acercan a la letra Interior de sus sentimientos.

Poder de evasión: La canción ayuda al joven a refugiarse “en otro mundo” a “huir”, a soñar con la felicidad, no a buscarla.

El mundo de la canción es siempre mejor que la realidad.

Es suficiente soñarlo.

Poder emotivo excepcional: El joven se identifica con la “estrella” que la canta; a veces se abandona a un comportamiento elemental, infantil en el que se entremezclan el molimiento, la sensibilidad, la afectividad, el frenesí y la histeria. El joven se vuelvo como un eco de los sentimientos y emociones de todos los demás.

También de la canción podemos afirmar que a menudo es un fenómeno “adulto” por su letra.

Podemos afirmar que es un fenómeno, en general, desequilibrador, por su unilateralidad. En lugar de tocar las mil cuerdas del arpa de la emotividad humana, se reduce a unas pocas.

Deberíamos en este punto añadir un tercer poder: la novela (libro), fotonovela, cuento, ilustración, etc.

En estos últimos años los tres poderes se han unido, formando una unidad emotiva irresistible: novela – cine – motivo musical.

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