La percepción como medio de desarrollo del individuo

La percepción como medio de desarrollo del individuo

Durante este periodo, toda percepción marcha a través de los sistemas interoceptivo y propioceptivo; las respuestas del infante se producen según la percepción de las necesidades, comunicadas por estos sistemas. Los estímulos que provienen de fuera, son percibidos sólo cuando su nivel de intensidad excede el del umbral de la barrera contra el estímulo.

Entonces irrumpen a través de dicha barrera, rompiendo el sosiego del neonato, que reacciona con violencia y desagrado. Estas respuestas de displacer pueden observarse desde el nacimiento.

No obstante, deseo afirmar categóricamente que discrepo de las especulaciones de ciertos autores que pretenden que el infante da muestras de desagrado ya sin útero. No hay medio de saber lo que “expresa” la conducta del feto.

Encuentro igualmente inaceptables las especulaciones sobre la percepción sensorial del infante durante el parto o sobre la actividad psíquica en el recién nacido durante las primeras semanas y meses que siguen al nacimiento.

Tales especulaciones corren parejas con la aseveración de autoridades de los siglos pasados acerca del llamado “grito del nacimiento” del neonato, que se suponía expresaba su desesperación al enfrentarse por primera vez con nuestro miserable mundo. Todas estas ideas ingenuas honran la capacidad imaginativa de sus inventores, pero no pueden ni comprobarse ni refutarse. Con las mordaces palabras de Freud, diremos: “La ignorancia es la ignorancia, y de ella no se deriva el derecho a creer en algo” (1927).

Procesos perceptivo

El proceso perceptivo es la secuencia de pasos psicológicos que una persona usa para organizar e interpretar información del mundo exterior. Los pasos son:

  • Los objetos están presentes en el mundo.
  • Una persona observa.
  • La persona usa la percepción para seleccionar objetos.
  • La persona organiza la percepción de los objetos.
  • La persona interpreta las percepciones.
  • La persona responde.

La selección, organización e interpretación de las percepciones puede diferir entre personas diferentes. Por lo tanto, cuando las personas reaccionan de manera diferente en una situación, parte de su comportamiento puede explicarse examinando su proceso perceptivo y cómo sus percepciones conducen a sus respuestas.

Prototipos primitivos de respuestas afectivas

No me siento inclinado tampoco a estar de acuerdo con las interpretaciones redactadas en un lenguaje más “científico” acerca del trauma del nacimiento, como manifestación primera de la angustia propiamente dicha y como determinante primario del destino individual del hombre (por ejemplo Rank, 1924). Toda una doctrina psicológica se ha basado en el impacto de este “trauma”, asignándole un papel enteramente desproporcionado y erigiéndolo en malvado responsable de cualquier perturbación psíquica posterior.

Freud, con la prudencia científica que lo caracterizaba, afirma que al nacer no hay consciencia; que el llamado trauma del nacimiento no deja ningún recuerdo; que “el peligro del momento de nacer no tiene todavía contenido psíquico” (Freud, 1926).

En vista de la recurrencia periódica de esta controversia, decidí efectuar una serie de observaciones directas para obtener registros objetivos con el máximo detalle de la conducta del infante al nacer. Con este propósito, asistí e hice registros muy cuidadosos de 35 partos efectuados sin anestésicos ni sedantes.

En 29 de éstos, la conducta del neonato fue filmada durante la expulsión o inmediatamente después del parto. Continuamos observando a los recién nacidos durante las dos semanas siguientes y filmando reiteradamente su modo de comportarse al mamar, así como sus respuestas a una serie de estímulos estandarizados.

Los registros mostraron que la reacción del neonato al nacer difícilmente podía denominarse una reacción traumática. Entre los infantes dados a luz normalmente —que son la inmensa mayoría, con sólo un uno por ciento de nonatos de tal modo— la reacción es extraordinariamente pasajera y muy lejos de ser violenta, durando sólo unos cuantos segundos.

Inmediatamente después del parto, el infante muestra una breve angustia respiratoria y manifestaciones de excitación de matiz negativo. Si se le deja en paz, todo esto desaparece literalmente en cuestión de segundos, dando paso a una quietud total.

Instilación de nitrato de plata en los ojos del neonato

El llamado trauma del nacimiento, al que dieron tanta importancia intérpretes equivocados de Freud, se destaca por su corta duración y por no ser nada impresionante. Cuanto puede observarse es un breve estado de excitación, que parece tener el sello del displacer (véase Spitz, 1947a).

En contraste, la instilación de nitrato de plata en los ojos del neonato (que se efectúa inmediatamente después de seccionar el cordón umbilical) provoca una respuesta vocal de desagrado mucho más prolongada, que puede durar hasta medio minuto.

Estas observaciones muestran además que durante las primeras horas y hasta durante los primeros días de vida, no se pudo captar más que una manifestación de algo que se asemejaba a la emoción, a saber: un estado de excitación que parecía tener cualidad negativa. Dicha excitación negativa se suscitaba cuando el recién nacido era expuesto a una estimulación lo suficientemente fuerte como para rebasar el alto umbral de percepción, por ejemplo, la nalgada.

Las diversas manifestaciones vocales del infante al nacer, tales como se presentan, pueden atribuirse en parte a razones mecánicas, como el comenzar a respirar, y en una proporción aún menor, al verdadero displacer. En su inmensa mayoría son el resultado de los esfuerzos bien intencionados del tocólogo y de la partera pata acelerar, con una vigorosa nalgada, el comienzo de la respiración.

Excitaciones de esta cualidad se experimentan también como desagradables en una edad posterior. Para simplificar usaremos este término de desagradable para describir también la excitación negativa en el infante. La contrapartida de las manifestaciones de desagrado del neonato no son, sin embargo, manifestaciones de placer, que a esta edad no pudieron observarse, sino el sosiego.

La excitación negativa del recién nacido

La excitación negativa del recién nacido, en respuesta a una estimulación excesiva, debe ser considerada como un proceso de descarga, tal y como Freud lo describió (1895). Y, siendo así, es un proceso específicamente fisiológico, que ejemplifica la ley del principio de Nirvana, según la cual la excitación se mantiene a un nivel constante y cualquier tensión que exceda este nivel ha de ser descargada sin demora. Partiendo de estos principios, el funcionamiento fisiológico se desarrollará y consolidará a su debido tiempo.

Una vez establecido, la función psicológica se regirá por la ley del principio de placer y el displacer durante algún tiempo, hasta que, a su vez, el principio de placer sea sustituido, aun cuando jamás por completo, por los mecanismos reguladores del principio de realidad.

Es de máximo interés notar que, al comienzo, el organismo actúa, tanto fisiológica como psicológicamente, a la manera de un sistema binario, de acuerdo con el principio del “tercero excluido” (ley de contradicción), una de “las llamadas tres leyes del pensamiento” (Baldwin, 1940).

Tenemos buenas razones para preguntarnos si los comienzos fisiológicos en los cuales se fundan posteriormente la función psíquica y más tarde los procesos de pensamiento, no tienen efectos insospechados, trascendentales y duraderos y si no determinan también la estructura consiguiente de las leyes de la lógica.

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Examinemos ahora la respuesta del neonato desde el punto de vista de la percepción y de la conducta.

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