¿Qué era la Koiné?

¿Qué era la Koiné?

CUANDO LAS MIGRACIONES CESARON finalmente en el siglo vi a.C., los griegos que vivían a lo largo y ancho del Mediterráneo y del mar Negro estaban rodeados de poblaciones bárbaras. Para ellos, “bárbaro” era todo aquel que no hablaba griego, porque su habla “extraña” sonaba como un tartamudeo, “bar-bar”.

La distinción no era meramente lingüística, ya que la grecidad se entendía como la pertenencia a la cultura griega definida por la lengua pero también por la identidad social, que tenía su expresión en la polis. Poco importaba que el “bárbaro” fuese representante de una cultura sofisticada, como las orientales, o que formara parte del otro gran imperio comercial del Mediterráneo, los fenicios: el hecho de no hablar griego le excluía del superior modo de vida griego.

A pesar de las distintas variantes dialectales jonias, eolias y dorias que se usan en época arcaica, hay unos rasgos comunes de carácter lingüístico, cultural, social y religioso que van más allá y que configuran el ser griego. Es fundamental en este sentido entender la identificación que hacen de lengua y pensamiento —la palabra logos las incluye a ambas—, por lo que el “hablar en” griego es idéntico al “pensar como” griego.

Un griego de Ampurias, otro de Siracusa y un tercero de Esparta no solo hablaban la misma lengua -o dialectos muy cercanos-, sino que además se regían por los mismos modelos de conducta en lo personal y en lo social, veneraban a los mismos dioses y, lo más importante, se consideraban y eran considerados por los demás miembros de una misma cultura. Cultura que, además, era motivo de orgullo y superioridad.

Los rasgos de la koiné

Esta amalgama de rasgos identitarios que conforman el ser griego es conocido como koiné (literalmente, “común”). Este término sería utilizado más adelante para definir la lengua griega de época helenística -o he koiné dialektos, “habla común”—, lengua que conformaba ya un dialecto universal; y, por extensión, se entiende como lengua koiné cualquiera que es utilizada como modelo y que es de uso en un territorio. Por tanto, una lengua koiné sería lo opuesto a un dialecto.

Un último, pero no por ello menos importante, rasgo de la koiné es el uso del alfabeto griego. Desarrollado alrededor del siglo ix a.C. a partir del alfabeto fenicio -cuyo origen a su vez desciende de una simplificación del alfabeto egipcio-, se considera el primer alfabeto completo de la historia. Es decir, que a cada vocal y a cada consonante que se pronuncian les corresponde un signo gráfico.

Este nuevo alfabeto, mucho más sencillo que el anterior sistema silábico de escritura micénico, el Lineal B, se difundió con rapidez en todo el mundo griego. Y, anecdóticamente, es utilizado todavía en la actualidad tanto como base del griego moderno como para crear denominaciones técnicas en ciencias.

Inscripción en griego antiguo sobre la construcción de la estatua de Atenea Parthenos en el Partenón (c. 440-439 a.C.).

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